Justicia sigue sin llegar a la chiapaneca Gina Vega

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Con base en datos de la organización civil “Brigada Callejera”, con presencia en 27 entidades del país, hay una cuestión que no se debe de obviar: entre el 40 y el 60 por ciento de las mujeres en cárceles de Chiapas están condenadas de forma injusta. 

Ese es el caso de Georgina Vega Aguilera, cuya inocencia está comprobada, pero cumplió ya siete meses en prisión. Y cuando la desesperanza no solo la embargaba a ella sino a sus seres queridos debido a que a nivel local “se cerraron las puertas” de la justicia, en una instancia federal hallaron una pequeña luz.

Su hermana, María José Cobián, cuenta lo que en estos “largos meses” han sufrido por el encierro de “Gina”, como la conocen de cariño, y el desgaste no solo económico, sino emocional, que los embarga.

Quien fue liberada apenas en diciembre pasado, asegura, es Paulina Vega Orantes, también encarcelada en el Centro Estatal de Reinserción Social para Sentenciados (CERSS) número 14, “El Amate” en Cintalapa, acusada por el mismo delito que su hermana. “Pero a ´Gina´ (de 37 años de edad) primero le dijeron que la habían detenido por fraude y asociación delictuosa”, manifiesta.

El génesis del problema apareció porque el papá de “Gina” le solicitó hace un tiempo un préstamo al demandante, Humberto Suástegui Zúñiga, con quien hubo “diferencias”. La situación empeoró con el fallecimiento del primero: sus bienes quedaron intestados

Por tal motivo, “Gina” y sus dos medios hermanos se convirtieron en herederos, no obstante, en vez de que esto solucionara los adeudos, provocó más vicisitudes: la involucran en una falsa sesión de derechos.

Por tal motivo, quien queda como supuesta albacea es la viuda de su papá, Alejandrina Orantes Domínguez (cuyo paradero se desconoce), irregularidad en la que estarían involucrados dos notarios públicos y un fiscal del Ministerio Público, para conseguir documentos apócrifos para quedarse, a la mala, con esos bienes.

¿ASUNTO POLÍTICO?

Lo que no se entiende en la actualidad, advierte María Cobián, es por qué “Gina” sigue encerrada si el propio demandante les confesó que ella no tenía nada qué ver en el asunto.

La reacción de la familia, como mecanismo para defender a la joven madre de dos hijos, fue buscar la apelación, recurso estéril pues no prosperó a nivel local, por lo que optaron por el amparo, lo que resultó a favor de la inculpada. Hoy todo está en manos de autoridades federales.

Lo que no sabe, advierte, es si los fedatarios acusados de falsificar documentos, Raymundo Cruz y Horacio Culebro Borrallas, estuvieron vinculados en las anomalías, “pero aparecen en el expediente”.

PROYECTO DE ESPERANZA

Mientras el tiempo transcurre, Georgina mueve su proyecto denominado “Ámate”, el cual consiste en la elaboración de bolsas bordadas a mano dentro del reclusorio, labor en la que la ayudan al menos 20 compañeras más, con quienes ha logrado comercializar esas creaciones, incluso, hasta en otros países. En la actualidad preparan un pedido de 50 elucubraciones.

De hecho, “Ámate” es el primer proyecto aceptado en el área femenil de esa penitenciaría, a diferencia de los varones encarcelados, quienes reciben más apoyo y herramientas para trabajar, entre éstas de carpintería.

A pesar de que está activa en lo que le gusta y “le da de comer”, a “Gina” no se le ha brindado la atención que requiere. De hecho, fue ignorada a pesar de que sufrió un aborto dentro del penal; en la actualidad, una crisis de ansiedad “le consume” su paciencia.

Como no había respuesta, sus seres queridos buscaron que un especialista la visitara en prisión, lo que también les impidieron. “La han dejado así”, lamenta.

Lo que también les “pesa”, es la situación en la que están Gian y Valeria, de 4 y 13 años de edad, hijos de “Gina”, “les decimos la verdad, que su mamá le enseña a bordar a artesanas, pero Vale se da cuenta”.

Por el momento, hay un lapso de tres meses con los que cuentan los magistrados para otorgar una respuesta a la revisión del caso solicitada por la parte demandante, “aunque no sabemos cuánto tiempo más se llevará”, ataja Cobián, quien revela que ya están cansadas de “tocar puertas” en Chiapas y no sean escuchadas.

“Lo único que nos dijeron es que guardáramos silencio, que ella iba a salir, pero ¡¿cuándo?! Aunque tenemos confianza en que la parte federal hará justicia, y solo nos queda darle ánimos a ella, que venda sus creaciones, y así sucede, mucha gente apoya, amigos de otros estados”, se cuestiona.

De acuerdo con la Fundación “Unidas por la Sangre”, en el último lustro la población femenil disminuyó en los tres penales que hay en Chiapas con espacio para ellas.

Es decir, se dice que en el penal número 14 “El Amate” existen 79 reclusas, mientras que en el CERSS número 5 de San Cristóbal de Las Casas hay 16 y en Tapachula 45, de las cerca de 500 que hubo en ese lapso. (Fuente: Christian González/La Silla Rota)